
El precio del boom: agaves silvestres bajo presión
El mezcal conquistó el mundo, pero ese brindis global tiene un costo en el campo mexicano. El auge del destilado ha llevado a la explotación excesiva de algunas especies de agave silvestre y a la pérdida de biodiversidad, con un efecto colateral que golpea también a los productores: una debacle en los precios. En medio de ese desafío, Mezcales Casa Armando decidió apostar por fortalecer la cadena productiva desde la raíz, es decir, desde la planta misma.
Gabriela Martínez, directora de Marketing de las tres marcas de la casa mezcalera —Zignum, Señorío y El Recuerdo—, explica que el punto de partida fue la construcción de la destilería en Tlacolula de Matamoros, Oaxaca, en 2008. Desde su concepción, el proyecto consideró una planta de tratamiento de aguas y el uso de paneles solares. Dos años más tarde, la empresa diseñó un plan para la reutilización del bagazo y la instalación de invernaderos destinados al estudio de los tipos de agave, aunque su producción se concentra únicamente en espadín.
Viveros, bagazo y semilla: la apuesta técnica
El trabajo en campo comenzó cuando la empresa detectó que el rendimiento de sus productores no era el esperado. “Cuando comenzamos a ver que el rendimiento de nuestros productores no era muy alto, empezamos a evaluar la probabilidad de germinación por semilla para mejorar el rendimiento. Sembramos semillas en tierra en el invernadero y así fuimos generando estudios e investigaciones y determinamos ya una combinación de tierra con bagazo y sustrato”, detalla Martínez.
A la par, se implementaron nuevas formas de siembra, como las medidas de separación entre plantas, para que —además de aprovechar mejor la poca agua que se emplea en su desarrollo— se generen métodos que atraigan polinizadores como los murciélagos y se eviten plagas de picudo y gusanos. La investigación rendirá sus primeros frutos en esta cosecha, ya que el agave espadín tarda en promedio entre seis y 10 años en alcanzar la madurez requerida para su recolección, que se realiza entre enero y junio. Este año son las primeras piñas obtenidas bajo los nuevos procesos, aunque el trabajo detrás ya se hizo en el campo.
Mano a mano con los productores
Casa Armando realiza trabajo con ingenieros capacitados en destilerías internacionales para que, mano a mano con cerca de 30 productores, mejoren sus prácticas y el rendimiento. El reto no ha sido sencillo: este oficio tiene una carga importante de herencia y tradición familiar, lo que genera cierta resistencia al cambio.
“Lo que buscamos es que esta información se pase a las siguientes generaciones, que se genere un hábito para producir de forma sustentable”, dice Martínez. La idea es preservar y mejorar el rendimiento del agave espadín con el que produce la destilería, obedeciendo a sus principios de sustentabilidad, ya que es una especie domesticable que puede reproducirse por hijuelos, bulbillos y siembra por semillas.
Reforestar montes: tobalá y cuishe
Las evaluaciones, el análisis y las pruebas de siembra se extienden a otras variedades de mezcal que crecen de forma silvestre, como el tobalá y el cuishe. El objetivo es reforestar montes y cerros para que sean utilizados por los lugareños y que algunos productores las desarrollen en el futuro, dado que no tienen exclusividad sobre estas especies.
Entre la construcción de la destilería y los programas de mejora del agave, la empresa ha destinado 200 millones de dólares. La fotografía que acompaña esta historia —una piña recién cortada sobre suelo seco y pedregoso, con hileras de agave extendiéndose por la ladera y colinas áridas al fondo— recuerda que el futuro del mezcal se decide, literalmente, en el terreno.
Fuente: Expansión ESG.














